El Agua

El agua, uno de nuestros recursos naturales más preciados, juega un papel fundamental en la mayoría de procesos de producción de energía. Sin embargo, existe en la actualidad una gran confusión sobre las necesidades de agua para las operaciones de extracción de shale gas, su procedencia así como los mecanismos empleados para prevenir su contaminación. 

 

Uso del agua

Preservar los suministros de agua dulce es una de las principales prioridades de las compañías que trabajan en la exploración y explotación del shale gas.

Un pozo de shale gas típico utiliza entre 10.000m3 a 30.000 m3 de agua durante el proceso de estimulación mediante fracturación hidráulica. Fuera de contexto, esta cifra puede parecer elevada. Sin embargo, hay que tener en cuenta que se trata de una técnica que se realiza tan solo una vez con el fin de liberar el gas almacenado en las rocas a lo largo de muchos años. Además, comparada con otras alternativas, la necesidad de agua durante la vida útil del pozo es más baja por unidad de energía producida que en el caso del carbón, la energía nuclear o la energía utilizada en una central térmica solar.

Por otra parte, entre el 65% y el 80% del agua devuelta por el pozo se recupera. La industria está utilizando las tecnologías más avanzadas para reducir al mínimo el consumo de agua mediante su reutilización. Las compañías del gas aspiran a llegar a un nivel de reciclaje del 100%. Este objetivo es ya una realidad para muchas empresas. El resto trabaja intensamente día a día para conseguirlo.

Si todavía se pregunta si la cantidad de agua utilizada es demasiado o no, piense que un campo de golf utiliza la misma cantidad en tan solo... 22 días.

 

Protección de los acuíferos

Una de las prioridades de la industria es proteger los acuíferos y las aguas superficiales tanto de los fluidos utilizados durante la estimulación como del propio gas. De ahí la importancia de subrayar que en condiciones normales es prácticamente imposible que el agua dulce se contamine durante el proceso de fracturación hidráulica, hecho que ha sido probado y confirmado en reiteradas ocasiones, incluyendo por el propio Departamento de Protección del Medio Ambiente del Estado de Nueva York en un detallado informe realizado mientras se mantenía una moratoria temporal de varios años de duración: “Oficiales de quince estados diferentes han testificado que la contaminación de los acuíferos en relación con la fracturación hidráulica, inlcuyendo el caso de Nueva York, no se ha podido demostrar." (Pág. 6-41)

¿Por qué es imposible? Porque la estimulación mediante fracturación hidráulica es un proceso que se lleva a cabo a gran profundidad bajo tierra, por debajo de múltiples estratos impermeables, normalmente a miles de metros por debajo de las rocas que albergan el agua dulce (acuíferos).

En este sentido, la adecuada construcción de los pozos es clave para proteger los acuíferos y el subsuelo y asegurar que nada se filtre al medio ambiente. Por esta misma razón, a medida que se perfora el pozo, se emplean múltiples tuberías de revestimiento y cementaciones para aislar su interior:

  • Tubería de superficie: Introducida típicamente hasta unos 500 metros bajo la superficie del suelo, sirve para estabilizar el pozo e impedir la comunicación entre su interior y las rocas que puedan albergar recursos acuíferos.
  • Tubería intermedia: Instalada por lo general desde la superficie hasta la parte superior de las rocas que contienen el gas. Sirve también para estabilizar el pozo y constituye una segunda barrera de protección.
  • Tubería de producción: Es el tubo más profundo a través del cual se realiza la inyección en la roca del fluido utilizado para generar la red de microfracturas. Sirve para canalizar el flujo del gas hasta la superficie.

Este diseño basado en múltiples barreras protectoras a base de acero y cemento asegura la solidez del pozo de tal manera que incluso bajo el improbable supuesto que una de las carcasas se rompiera, nada podría liberarse. A esto se añade que todos los materiales, una vez instalados, tienen que pasar rigurosas pruebas de resistencia y estanqueidad para garantizar su integridad.

Una vez finalizadas las operaciones, las aguas residuales que se recuperan se depositan en una instalación certificada para su tratamiento y reutilización, o para su tratamiento por un gestor autorizado. Se controla la estanqueidad de las conducciones y de los tanques de almacenamiento e instalaciones lo que evita cualquier posible derrame.

El análisis del agua forma parte de la rutina de las empresas que trabajan en la exploración y producción de hidrocarburos, como ocurre con empresas de otros sectores industriales que manipulan fluidos. Sirve para controlar la calidad del agua y diseñar, si fuera necesario, conjuntamente con las Administraciones competentes, los programas de prevención y corrección que se consideren oportunos.

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